martes, 17 de diciembre de 2013

MARICONERÍA Y REVOLUCIÓN




Por Andrés Pascual
       Entre 1966 y 1970 la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana era un verdadero “nío” de maricones y tortilleras. Curioso, sin embargo, que también lo era de chivatos del G-2.
       Ser hombre o mujer, es decir, héterosexual en el recinto que dirigía Vicentina Antuña y para el que trabajaban como docentes la lesbiana Mirta Aguirre y Adelaida de Juan, era un acontecimiento.
        Antes de continuar, lo peor de Mirta era lo fea y lo mala que estaba, parecía un macho virado de espaldas, pero sabía, era inteligente e hija de puta por naturaleza. Su amor enfermizo, platónico, era Juana de Asbaje, a la que nunca se refería como la conoce la historia, Sor Juana Inés de la Cruz, para no contaminarse con lo místico, a pesar del libro que escribió sobre la insigne poetisa y monja azteca.
         En aquella época, Camilo José Cela estuvo en Cuba y en la Casa de las Américas dijo lo que José Antonio Portuondo y el Sargento Tamal, Roberto Fernández Retamar, consideraron una expresión más ofensiva que rallar la tumba de Gonzalo Castañón para España: “Para nosotros, Cuba siempre será esa hija que se nos fue de puta”.
         Cuando la UMAP echó a andar, lo mismo en el llamado de 1965 que en el de 1966, de la Facultad de Letras y Arte solo fueron concentrados en aquellos campos de abuso y represión los maricones que no eran chivatos o algunos héteros que escogieron que tampoco lo eran; o sea, el 98 % de los homosexuales, que eran informantes, se quedaron en el centro sin problemas.
          ¿Por qué fue así? Porque la dictadura no perseguía a los homosexuales, sino a los anticastristas y desafectos. Un maricón “entusiasta y combativo” no tenía ningún problema, porque no era terreno fértil para “la penetración del enemigo” y hablo en funciones de espionaje no de sexo y, si el tipo no era de “familia siquitrillada” con una bodega, farmacia o puesto de frutas robada, menos. Ahora, asistir a la Iglesia o al Culto y, además, ser fanático del mismo sexo, era un pasaporte directo a “Camanyule”, como llamaron los Hermanos Bravo al asunto en la conga famosa y prohibida que casi les cuesta la carrera…
          Curioso que nunca hubo un movimiento masivo represor contra las lesbianas, por lo que era muy difícil que perdieran sus trabajos, aunque fuera en el aula y Mirta Aguirre fue un soberano ejemplo o Consuelito Vidal, a pesar de la amenaza de Papito Serguera de “o te desentortillas o te boto pa’l carajo de aquí” , o Esther Borja.
          Abel Prieto (en la foto con Miguel Barnet), Ministro de Cultura que perdió la botella política del Buró Político y del Comité Central en el reciente Congreso, adorador de The Rolling Stones y The Cream, primo hermano de Marisela Verena y con una hermana viviendo en Miami, no salió de Letras para la UMAP ni fue castigado por “desviarse” a trabajo en Crusellas, en chocolate La Estrella o sembrando pinos en Oriente o en Pinar del Río: siguió, se graduó y a escribir, que era su pasión, tan fuerte como la de Berenice.
          Desde diciembre de 1965, una batería de intelectuales-politólogos, como el padre de Abelito, del mismo nombre y apodado El Cojo por una malformación en una pierna desde su infancia (tal vez poliomielitis, no recuerdo), chupatintas del grupo de Becas en el Ministerio de Educación de la era del  liliputiense Armando Hart; como Gaspar Jorge García Galló, como José A. Portuondo, como Blas Roca o el propio tirano a través de los editoriales del Granma, en la revista Verde Olivo o en Alma Máter, iniciaron una campaña contra las conductas desafectas al régimen utilizando como chivo expiatorio al homosexualismo y basada en el peligro que representaban para la sociedad comunista, porque lo explicaban como conductas heredadas o influidas por la sociedad capitalista. El nombre que usaron para definir al joven que debería ser enviado a la UMAP era “enfermo” y las caricaturas de Nuez y compañía lo presentaban con cara soñolienta, pantalones estrechos y actitud afeminada. La guerra contra la juventud, por circunstancias de “diversionismo ideológico” alcanzó, en ese momento, su verdadero clímax, continuado hasta hoy sin concesiones de ninguna índole: “maricón, tortillera, sí; pero contra la revolución nada”      
     Raúl Roa Kourí, vástago del canciller indigno de igual nombre y de la cardióloga Olga, hija del eminente oncólogo Pedro; así como el músico Felipe Dulzaides, Pablo Milanés y el actor, galán de CMQ, Alberto Insua, también fueron reconcentrados allí.
      El tiempo cambia vertiginosamente, tanto así que los homosexuales en Cuba tienen protectores a través de una institución que lidera Mariela, hija del asesino-tirano de turno y hasta marchan por La Habana (solo los varoncitos) a favor de su orientación, es decir, de la dictadura “cambiante”.

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